▷ A la sombra de un viejo especiero ✍


A la sombra de un viejo especiero

Aquella tarde había sido algo diferente de las demás, normalmente Yahel, tras terminar su jornada laboral, que solía ser las cuatro de la tarde, se dirigía a la estación de guaguas municipales, ya en ella se situaba en el estacionamiento de la ruta interurbana y tomaba la guagua número cinco, que era la que le llevaba de regreso a su casa.
Lo diferente de ese día, era que Yahel ya ni tenía casa ni tenía trabajo, pues el día anterior y sin apenas haberle dado tiempo de asimilarlo, el jefe de personal le había entregado una carta de despedida, donde le exponía; le comunicamos que, con fecha de mañana, día uno del presente mes y del año en corriente, esta empresa ha decidido prescindir de sus servicios, es por lo que le adjuntamos un talón nominativo en concepto de finiquito, quedando saldada por nuestra parte toda deuda contraída con anterioridad en concepto de honorarios. A la vez y con premura, le rogamos abandone en la misma fecha la casa que, nuestra empresa había puesto a su disposición como residencia mientras trabajaba para ella y por lo que, como desde la entrega de esta carta, usted ya no pertenece a nuestra empresa, rogamos mañana a estas horas no se encuentre en la misma, ni usted ni ninguna de sus pertenencias personales, dándole las gracias por la labor prestada durante estos diez años, se sirva firmar la presente carta y entregue la llave de la mencionada vivienda, en la recepción de este propio edificio mañana a las cuatro de la tarde, suyo para siempre el jefe de personal.
Yahel, esa tarde como otra de tantas, salía de la empresa en la que por diez años consecutivos había trabajado, como técnico experto en mediciones y en catástrofes naturales. 
En ella y durante todo ese tiempo, se había dedicado a medir todo tipo, de catástrofes, en cambio lo que le estaba pasando a él no había aparato de medición, que pudiera evaluar la pesadumbre que él sentía en aquel momento.
Él desde el laboratorio situado en la planta veinte, del edificio que acababa de abandonar por última vez, en más de una ocasión había comentado con sus compañeros que, la crisis que se avecinaba iba a tener conmociones indescriptibles, pero nunca pensó que le fueran a chocar de cara a él.
Él que había sido el primero en llegar a la empresa, junto con el dueño, el gerente y el jefe de personal, que incluso él mismo participo en la selección de la mayoría del resto de personal que se contrato, para la empresa «Solo Ciencia», que era como se llamaba, aquella empresa era la misma que lo había dejado en la calle y sin trabajo, hacía solo veinte y cuatro horas.
Yahel, al salir a la calle, esa tarde en lugar de dirigirse a la estación de guaguas, como lo había hecho durante tanto tiempo a su salida del trabajo, se dirigió a la pequeña plaza situada en la calle trasera del edificio de la empresa «Solo Ciencia», ya allí se sentó en uno de los bancos, situado a la sombra debajo de un viejo especiero, estuvo sentado por espacio de una media hora, veía a las palomas como revoloteaban a su alrededor, a niños jugando con un viejo balón, a otros pasear de la mano de sus madres o cuidadoras y a otros empujados en sus sillitas, ya que éstos no tenían aún edad ni para andar y mucho menos para correr detrás de un balón. 
Mientras los contemplaba, Yahel pensaba y se preguntaba, ¿cuántos habrá igual que yo?, o mejor dicho peor, pues yo a pesar de haberme quedado hoy sin trabajo y sin casa, hasta hoy yo ganaba un buen sueldo y los gastos de la casa, los bonos de transporte y los gastos de la comida, corrían a cargo de la empresa, es por lo que a lo largo de todos estos años,  he podido ahorrar dinero y ahora he podido alquilar una casa para poder vivir y aunque este algún tiempo sin encontrar trabajo, no me tengo que preocupar demasiado, pues con el sueldo ahorrado he invertido y con lo que he ganado con dichas inversiones, puedo tirar por algún tiempo. 
Pero cuantos de los que están parados, que son bastantes pueden decir lo mismo que yo, seguro que muy pocos, por lo tanto se dijo para él Yahel, a pesar de todo soy un privilegiado, al menos yo esta noche y muchas otras podré dormir bajo un techo y seguiré comiendo caliente, lo que no ocurre con el resto de parados de este país. 
A Yahel, no le entraba en su cabeza y se preguntaba una y otra vez, ¿Cómo se había llegado en este país a esta situación?
¿Cómo se puede desahuciar a toda una familia y dejarla en la calle?
Que el único pecado que ha cometido, es que se ha quedado sin trabajo.
Que al no tener ingresos, no puede hacer frente a sus deudas adquiridas.
Que la mayoría tiene más bocas que necesitan comer y no solo la de él.
Que la mayoría de veces además de adultos hay niños y ancianos.
Que hay gente que necesita de la ayuda de otros para subsistir y por más que la piden, nunca se la dan.
Ya la tarde estaba próxima a su fin, la sombra de la noche comenzaba tímidamente a aparecer, fue entonces cuando Yahel tuvo claro, lo que con su dinero podía hacer, montar una ONG y así a mucha gente con él ayudar.
Con los tiempos tan difíciles que nos está tocando vivir, ojala hubiera muchos Yahel que tuvieran algo de dinero y que con el ayudaran a los demás a vivir con un poco mas de dignidad. 
En este mundo, lo mejor es vivir y dejar vivir a los demás.
Pero también es bueno, que te ayuden y tú ayudar a los demás.
Cuando te llegue la hora de partir no te podrás llevar nada de lo material, ¿entonces para que ese afán de atesora?, si te tendrás que ir ligero y sin nada que llevar, cuando al otro mundo tú te tengas que marchar, no seas tan egoísta y piensa un poco en los demás, pues no en este mundo se les da a todos la misma oportunidad.
La noche por fin llego, tras ella el día aclaró y Yahel la ONG monto y con ella a mucha gente ayuda en el día de hoy.
No solo la ayuda que Yahel da es económica, o es material, a veces se necesita también una palabra de ánimo, de una persona amiga que te de la mano, para levantarte cuando alguna vez en el recorrido de la vida, tú te has caído, alguien que te escuche cuando quieres hablar teniendo la certeza de que esa persona te va a escuchar.
Ese día Yahel, sentado a la sombra de ese viejo especiero supo que debería y no debería de hacer.
Lo que no debería de hacer, era perder la serenidad, pues cuando se cierra una puerta, debemos buscar inmediatamente una ventana y eso fue lo hizo el.
Lo que hizo fue, no ser egoísta y pensar solo en él y no en los demás, pues no hay que olvidar que en este mundo no estamos solos y si hoy tu lo estas pasando mal, siempre hay alguien que lo estará pasando peor.
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