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De visita a la vieja librería

¿Me buscaba joven?, le pregunto una voz que provenía del fondo de la vieja librería, situada en una de las calles estrechas de la parte más antigua de la ciudad de Martina.
A la persona que le hacía esa pregunta, era sin lugar a dudas la persona menos sociable del grupo de alumnos que estudiaban en la universidad de esa ciudad.
Concretamente, pertenecía a la rama de “ingeniería aplicada a la medicina”, en el transcurso de su vida como estudiante, Lauren que era como se llamaba, había sido siempre un estudiante modelo en cuanto a sus notas, las cuales poseía gracias al gran esfuerzo y responsabilidad que éste ponía para conseguir tal fin.
Quizás ese había sido el hecho, de no haberse relacionado demasiado con sus compañeros de estudio, ya que la mayor parte de su existencia la pasaba estudiando y asistiendo a clases. El poco tiempo que le quedaba, sin contar el consumido para dormir, que empleaba el justo y necesario, para que su cuerpo se repusiera de los esfuerzos realizados durante la jornada, a él le bastaban unas seis horas, en el aseo y la alimentación no desperdiciaba ni un segundo más del obligatorio, pues tenía que sacar todo el tiempo posible, no solo para estudiar, sino que además le encantaba el trabajo de campo o, lo que es lo mismo, experimentar en el laboratorio todo lo que de los profesores, o en los libros iba aprendiendo. 
Era por eso por lo que frecuentaba aquella librería. Podría haber sido otra, pero fue en esa y no en otra en la que entro, hace ya de eso unos cuantos años, por primera vez, siendo él aun alumno de primaria, acompañado de su abuelo paterno y este al entrar saludo al dueño de la vieja librería llamada “Lea y Laborase Usted Mismo”. Recuerda como ese día su abuelo le presenta al dueño de la misma y unos segundos más tarde, ese dueño puso un cartelito en la puerta en el que decía; “vuelvo en un ratito” y a continuación los invito a pasar a la trastienda de la vieja librería, que resulto ser un laboratorio de lo más moderno, donde el librero y su abuelo, según le contó éste a Lauren, de regreso a casa, se reunían con asiduidad para ensayar e investigar sus experimentillos como le llamaba su abuelo.
Después de esa visita con su abuelo a la librería, “Lea y Laborase Usted Mismo”, puedo decir sin lugar a dudas que la vida de Lauren cambio radicalmente, pues al ver aquel laboratorio supo enseguida lo que quería ser de mayor, “científico”, decía siempre que alguien le preguntaba.
Lauren después de salir de clase, iba todos los días al laboratorio a poner en práctico lo que durante la jornada de clases le enseñaban y que mejores profesores para que le ayudaran de primera mano, como lo eran su abuelo y el viejo librero, pues los dos aunque jubilados laboralmente por la edad, no lo estaban y mucho menos lo eran mentalmente, ya que los dos experimentaban como si de sus primeros experimentos se trataran, los dos habían sido científicos de renombre, de hecho habían sido premios novel los dos, en un avanzado tratamiento de una enfermedad degenerativa.
Quizás por todo ello a Lauren no le sobraba tiempo para hacer más amistades, que las justas para seguir con su vida estudiantil, pero no más allá de ello. Era por eso, por lo que se había ganado el san Benito de chico poco sociable, pero eso nunca le preocupo a Lauren, ya que para él lo único que contaba era el hecho de que cuanto más tiempo dedicara a su laboratorio, más calidad de vida podría crear para la humanidad y cuanta más vida creara para los demás, más bienestar sentiría para él, ya que como le habían dicho los dos viejos científicos, Lauren presta mucha atención, pues tolo lo que tu aprendas hoy aquí, no solo te servirá a ti, que también así será, pero lo más importante es que, con lo que hoy aprendas aquí, mañana podrás estar ayudando a los demás, entonces piénsatelo bien antes de esta carrera estudiar, pues en cuanto comiences ya no vivirás para ti, sino que lo estarás haciendo por el bien de toda la humanidad, entonces tu vida yo no será, solo tuya, pues habrás pasado a formar parte de toda la comunidad.
Ese día como otro de tantos, era el dueño de la vieja librería “Lea y Laborase Usted Mismo”, quien saludaba a Lauren, para más tarde indicarle que pasara al laboratorio, mientras él repetía la operación de colocar el cartel en la puerta de “vuelvo en un ratito”.
La única diferencia de aquel día era que, Lauren ya no venia al laboratorio como estudiante, como lo había hecho años atrás, sino que ahora lo hacía en calidad de científico, además no venia solo, puesto que ahora lo hacía acompañado de un aprendiz como lo fue él, años atrás de su abuelo y del viejo librero.
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