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Relatos (63)

A modo de regadera   El día había amanecido oscuro. Era otoño y estaba siendo duro. Las nubes, habían ocupado el cielo al completo y estas, amenazaban con descargar agua, a modo de tormenta en cualquier momento. Daba miedo al mirar el firmamento, por sospecha de que este, te absorbiera y luego te escupiera, a modo de regadera. Que ganas, de que el otoño terminara ya y que el invierno, llegara detrás en cualquier momento. Para que así, cuanto antes, estos dieran paso a la primavera.
No más frustración   No sé si a alguien más le ha pasado alguna vez. Quieres hablar y no te salen las palabras. Te sientes mal por ello y piensas, tenía que haberle dicho esto, o aquello otro. Entonces, hay veces que la frustración abriga dentro de ti y otras es la decepción la que, de ti se apodera. Solo por el hecho, de no haber podido expresar lo que sentías en ese momento. Si alguna vez te pasa, no te frustres, ni pienses en el fracaso. Coge un lápiz y un papel y escribe todo aquello que sentiste y decir no pudiste. Así que, cuando quieras expresar con palabras lo que sientes y estas no te salgan, escríbelas, y…
Nariz armónica   Su cabeza, iba adornada simplemente con su larga melena rubia y bucleada. En su cara, llevaba dibujada unos grandes ojos de color verde musgo, unos gruesos labios con un toque de color cochinilla y una nariz armónica que no desentonaba con el resto de componentes de su fisonomía.
Los lobos   A pesar de haber presagiado una apacible tarde de paseo por el bosque y luego regresar a casa a la hora de cenar. La verdad es que, a mitad de aquel paseo, la tarde se volvió triste y oscura. El tiempo por momentos, amenazaba con un fortísimo viento. De pronto, la nieve comenzó a caer y no tardó mucho tiempo en comenzar a llover. Entonces, recordaron que no lejos de allí, había un viejo refugio. Apresuraron el paso y a los pocos minutos se encontraban los dos sentados frente a la chimenea encendida, compartiendo una misma manta de lana por abrigo y brindando con una copa de vino caliente. Pero de pronto oyeron unos sigilosos pasos alrededor…
Las invitaciones   Los invitados hacían cola a la entrada del salón de baile. Los mayordomos iban comprobando de una en una, cada una de las invitaciones y a continuación anunciaban su llegada, mencionando sus nombres.
La tartera de su madre   Ese día, no era un día cualquiera. No, no lo era. Ese día, era su primer día de escuela. Ese día, se había levantado algo más temprano de lo que acostumbraba. Se había vestido con el uniforme escolar. Ese día, tomó su desayuno algo más temprano de lo usual. Su madre le tenía ya preparada una tartera con la comida que debía de llevarse ese primer día de escuela. En ella le puso la comida de al mediodía y dos bocadillos, uno era para comer en su primer recreo y el otro, para comerlo a la hora de la merienda. Ese día, regresaría a casa a la hora de cenar por lo que, la…
 Jazmín y Clavellina Jazmín y Clavellina regresaron al jardín de los deseos con la nueva Camelia en sus manos. Más tarde, sentadas bajo la sombra de un almendro en flor, se rieron las tres de aquel sueño tan irreal, pero que, en sus otras vidas, fue existencial.
Embriagarse de olor a mar Tras una década desde su partida, recalaba a su hogar. Su partida no había sido fortuita, condicionalmente esta se debió a una orden dada por su superior. Era él, hombre de hacer guardar la ley y el orden. Y como tal, le ordenaron ir de aguacil jefe a otra jurisdicción. Pero, después de ese período alejado del pueblo que lo vio nacer. Hoy regresa a casa, a su casa, a su hogar, al pueblo, a su pueblo. Pueblo este pequeño, pero entrañable. Pueblo de pescadores, situado en una tranquila y resguardada bahía costera. Él regresaba para quedarse. Este era su hogar y no lo volvería abandonarlo jamás. Por su edad, acababan de jubilarlo ya, y…
El salón salomón Los invitados fueron llegando al salón salomón, allí se les sirvió un coctel con una mezcla de té, limón y unas gotitas de alcohol. Más tarde, se les invitó a pasar al comedor y tras estar todos sentados, disfrutaron de una cena a base de marisco y pescado.
El desmayo Poco a poco, las fuerzas me iban fallando. Debí de desmayarme por culpa de la pérdida de sangre, tras una aparatosa caída que tuve una tarde del mes de agosto en que visitaba las ruinas del castillo encantado. No sé, por cuanto tiempo permanecí inconsciente, pero lo que si os puedo decir es que, mientras permanecí en ese estado, me sentí libre y muy feliz la vez.
Con esmero Tenía un bonito jardín, el cual cuidaba con mucho cariño y esmero. En ese jardín, cultivaba una gran variedad de plantas florales, además de un sinfín de árboles frutales.
Comedor desolador Las gotas de lluvia, chocaban con los cristales de las viejas ventanas de aquella casa destartalada, situada en la colina de la montaña de la neblina. El ruido era ensordecedor y a causa de ello, no se oía nada de lo que ocurría en aquel frío comedor, con exigua decoración y con aspecto desolador.
Don Juancho y doña Resquicia — Ay, don Juancho, don Juancho, si no se quita usted, a ver como paso yo.— Señora Resquicia, yo no tengo porqué quitarme, para que usted pueda pasar.— Cómo que no.— Usted lo que tiene que hacer es ponerse sus gafas, para que así con ellas puestas usted pueda ver.— Me está usted llamando cegata don Juancho.— No doña Resquicia, yo no la he llamado cegata, pero reconozca que, por donde usted quería pasar, no era yo el que se lo impedía.— Cómo que no, entonces quién era el que estaba ahí.— Más bien, qué es lo que había ahí y no era otra cosa que la pared de la finca enojosa.— Bueno usted perdone…
Escrito por mí y dedicado a ti Una vez tuve una historia y hablando la quise contar, pero como de mi boca, no me salieron las palabras, cogí papel y en él yo la escribí. Entonces, esa historia en un relato yo la convertí. Más tarde, a ese relato formato le di y lo que, comenzó siendo una historia relatada, terminó siendo un libro escrito por mí y dedicado a ti.
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